Realizada por:

Desde hace meses Isabel Cepeda y Jesús Neira son un ejemplo de fortaleza y de lucha. El trágico incidente en el que Jesús Neira fue agredido por intervenir en una situación de maltrato cambió sus vidas y desde aquel día han ido sorteando una a una las difíciles situaciones que se les han ido presentando. Desde la lucha constante y cotidiana por la vida, el ejercicio de derechos ciudadanos y, sobre todo, han pasado a convertirse en garantes de un modo de enfrentar el fenómeno de la Violencia de Género en un admirable ejercicio de ciudadanía.
Jesús, cuando las personas se enfrentan con experiencias traumáticas y salen airosos de ellas, como en su caso, quienes lo viven suelen señalar que esas circunstancias les han transformado, les han fortalecido conformando una nueva visión de su existencia y de la vida en general. ¿Este es su caso?
J.- Si, ahora valoro mucho más las pequeñas cosas que antes no valoraba.
¿En qué se ha transformado su mirada de la vida y del mundo?
J.- Reconozco una importancia mayor a las pequeñas cosas imperceptibles a veces, que pasan desapercibidas, como, por ejemplo, mantenerse de pie, ir a trabajar, poder estar en un atasco, o desayunar un café con churros mientras se lee la prensa.
Isabel, a lo largo de estos difíciles meses numerosas asociaciones dedicadas a la Violencia de Género han contactado con usted, lo que le ha permitido conocer su trabajo de cerca. ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención de estas ONGs?
I.- El terrible sufrimiento por el que pasan tantísimas personas. Todos sabemos que el problema de la violencia de género existe, pero no podía imaginar la dimensión que puede tener ese drama.
Jesús. La sociedad, las administraciones públicas y entidades privadas desde hace años han diseñado planes e implantado programas de intervención para abordar el fenómeno de la Violencia de Género y a pesar de los intensos esfuerzos realizados, el problema no parece disminuir. ¿A qué se debe?
J.- A que seguramente se está operando sobre estratos más superficiales de la conducta del hombre.
Usted ha tildado la Violencia de Género como un signo de involución social, ¿a qué causas atribuye esta involución?
J.- A la inmadurez. Estamos ante una sociedad que, por una parte, ha progresado mucho económicamente pero que en cuanto a la formación de las personas es dudoso que haya progresado tanto.
¿Cree que el tratamiento que los medios de comunicación a la violencia de género dificulta su abordaje o por el contrario, está ayudando a que muchas mujeres enfrenten su situación?
J.- Creo que el conocimiento de los hechos siempre es una materia informativa muy apreciable.
Isabel, a lo largo de las últimas décadas los roles de las mujeres y de los hombres han cambiado mucho en este país. Se ha promocionado la igualdad de la mujer y a los hombres se les han exigido cambios notables, perdida de situación de privilegio. En este proceso no se les ha dignificado en su nueva situación social y algunos pueden vivirlo como “príncipes destronados”. ¿Qué piensa al respecto?
I.- Es un proceso paulatino, en cada pareja y cada familia se van dando ritmos diferentes, lo que viene influido enormemente por la edad. Las nuevas generaciones creo que tienen perfectamente asumido que las obligaciones dentro y fuera de casa son de ambos.
¿Cree que esto influye de alguna manera en la espiral de violencia de género en la que estamos envueltos?
I.- Creo que no. El que levanta la mano contra su mujer lo haría de igual forma tanto si le piden como si no que ponga la lavadora. Es un problema de valores profundos, de respeto, de consideración. En definitiva, de educación moral y social.
