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Marco de reflexión

JÓVENES Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN



Enrique Fernández Redondo

Vicerrector de la Universidad Camilo José Cela


Susana Méndez Gago

Directora Técnica de la Fundación GE Social

Los avances en las comunicaciones y en la tecnología, hace de los medios de comunicación una de las áreas de progreso más potentes en el siglo XXI. La maquinaria informativa, en sus distintos vehículos, es una creación humana que nos ha hecho saltar cualitativamente a una nueva dimensión de nuestra evolución social y cultural. Gracias a ella, la interacción y el intercambio de informaciones entre distintas culturas, el entretenimiento, la información y la formación llegan con fuerza a cada vez más rincones del planeta. Tanto es así, que hoy nos denominamos “sociedad de la información”. Pero como todos los progresos, además de las innovaciones positivas para la sociedad, también tiene otros efectos secundarios menos beneficiosos y que pueden entrañar ciertos riesgos para los individuos.

Vivimos inmersos en una atmósfera mediática con una constante lluvia informativa, aprehendemos la realidad a través de ella y nos socializamos también con ella. Esta maquinaria mediática nos acompaña, está presente en nuestros espacios cotidianos, llena nuestras soledades y participa activamente en la construcción de valores, actitudes y habilidades sociales. En la actualidad, los medios de comunicación tienen un peso importante en la educación informal de las sociedades, especialmente en los más jóvenes, niños y adolescentes.

Desde que se hicieron las primeras películas a principios del siglo XX, comenzaron a estudiarse los efectos de los medios de comunicación, el impacto psicológico que estos tienen en los individuos y su capacidad de influencia en el cambio de conductas, estilos de vida y en la configuración de creencias y opiniones. Desde entonces hasta el presente, ha habido muchas corrientes de investigación que han arrojado mucha información al respecto y que, en su mayoría, coinciden en la ratificación de la capacidad de impacto emocional y en el cambio de conductas que los medios tienen.

En estos años, se han alzado voces desde la sociedad civil y desde los ámbitos educativos, tanto formales –la escuela– como informales –la familia–, realizando enormes críticas que mostraban actitudes reticentes hacia los medios de comunicación y su influencia sobre los menores. Movilizaciones sociales que han hecho saber a las administraciones los riesgos de la cultura mediática en contextos más íntimos y cotidianos.

Cuando se producen revoluciones tecnológicas que globalmente nos traen progreso, difícilmente pueden ser desechadas por los riesgos que también nos traen. Por ejemplo, la invención del coche como medio de transporte nos ha permitido trasladarnos a puntos lejanos y, a pesar del alto índice de accidentes, éste sigue siendo muy útil para los individuos. Se ha convertido para muchos en una herramienta indispensable para la gestión de su vida cotidiana y de su trabajo. Los gobiernos, ante los riesgos que la mala utilización del coche conllevan, han desarrollado estrategias de concienciación, de prevención y de carácter restrictivo para que los ciudadanos hagan una conducción responsable.

Los medios de comunicación no son ni buenos ni malos, son unos instrumentos que deben estar al servicio de las personas. Los contenidos informativos pueden ser adecuados o no en función del público receptor, y deben elaborarse y difundirse de acuerdo a éste, desde la responsabilidad y la consciencia que supone ser productor de contenidos. Lo que es un verdadero riesgo para los individuos es la falta de capacidad crítica, la pasividad en la recepción informativa y la concesión de un valor de “verdad” a todo lo que le llega desde las pantallas.

En este primer número de Intenciones, nos ha parecido interesante adentrarnos en el mundo de los jóvenes y los medios de comunicación y ahondar en la reflexión desde distintas perspectivas; para ello, en nuestro apartado de “Marco de Reflexión” –con la colaboración de Margarita Rivière– profundizamos en los medios de comunicación como fuentes de experiencia, como nutrientes de emociones diferidas y vivenciadas, a través de los personajes que llenan las pantallas.

En el apartado Estudio e investigaciones, se presentan la síntesis de uno de los últimos estudios realizados para la FAD en 2007 “Jóvenes en los medios: la imagen mediática de la juventud, desde su propia mirada”.

Un estudio sociológico con metodología cualitativa, a través del cual los jóvenes analizan la imagen de ellos que se ofrece en los medios, y valoran hasta qué punto se identifican y se nutren de ella. Este apartado ha sido elaborado por Sociológica Tres, el grupo de investigadores, que han participado en esta investigación del Instituto Nacional de Juventud.

En los apartados de “Experiencias”, tanto nacionales como internacionales, nos ha parecido interesante rescatar iniciativas de asociaciones –apoyadas por administraciones– en las que los jóvenes crean sus propios medios de comunicación, elaboran sus contenidos y los difunden.

La experiencia nacional surge en Arganda del Rey, una asociación que graba la música que cualquier joven haya compuesto y le ayuda a difundirla en red a través de su página web. Es un ejemplo de la movilización ciudadana, una estrategia de difusión propia, en la que las personas con inquietudes musicales tienen un lugar más allá de la actual salida en concursos televisivos. Esta experiencia la aporta la asociación sociocultural “La Alternativa” fundada por un grupo de músicos inquietos y muy comprometidos con la cultura urbana.

La experiencia internacional nos viene de Ecuador, de un grupo de jóvenes en riesgo que pusieron en marcha tímidamente un periódico y que hoy se han consolidado como comunicadores. Este proyecto nació bajo el paraguas de CECAFEC una asociación ecuatoriana.

Por último, también nos parecía clave la propia mirada de los medios. Para ello, hemos realizado una entrevista al equipo de “Callejeros”, es la aportación de la visión de quienes hacen un programa de televisión en el que han mostrado un modo singular de hacer televisión y un estilo narrativo de las realidades sociales que recogen.

Por último, señalar que la colaboración en cada uno de los apartados de esta revista ha sido desinteresada y gratuita por parte de los articulistas, y desde aquí les damos las gracias por su apoyo a Intenciones.